jueves, 12 de noviembre de 2015

El exótico destino de los emails sospechosos.




Los correos electrónicos enviados por zalameros son perfectos para contener virus. También son promiscuos: con suerte, el usuario no habrá sido el primero en recibirlo y puede que el antivirus lo haya detectado y bloqueado antes en centenares, quizá miles de ordenadores. Pero ¿y si no es así? ¿Qué ocurre con los virus que aún no han hecho saltar las alarmas de los programas de protección?

Cuando la tecnología disponible no funciona, las grandes empresas recurren a la mano de obra humana. Emplean enormes contingentes de informáticos especializados en rastrear y etiquetar los nuevos virus en miles de emails. Uno de los mayores laboratorios del mundo dedicado a esta labor se encuentra en el área metropolitana de Manila, la capital de Filipinas: la sede de la empresa Trend Micro.

El software bloquea 6.000 millones de amenazas por día, automáticamente. El resto recae en estos informáticos. Solo el spamy, el spearphising (estratagemas para acceder a los datos confidenciales) protagonizan a diario entre 3.000 y 5.000 de los emails que analiza uno de los subequipos. 150 personas biopsian los archivos adjuntos sospechosos. Además de los correos electrónicos, las páginas webs son un caldo de cultivo de muchos nuevos virus: en este laboratorio se escrutan 180 a mano. Evalúan el peligro y la rareza del nuevo software maligno; lo etiquetan y lo remiten a los expertos que, a corto o medio plazo, darán con su cura y la incluirán en la siguiente actualización de los antivirus.

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